miércoles, 13 de marzo de 2013

Maripanchi


Mari Panchi

Cabizbaja, con la cabeza metida entre sus piernas flacas me
encontré a la muñeca Mari Panchi detrás de la puerta.
La cogí por la cabeza y la subí hasta mi mirada:
No tenía ojos, la boca era una mueca y la falta de atuendo la
convertían en un trapo negro indescifrable por lo que decidí
botarla.
¡No…, gritó Gaby!


 Con tristeza se me acercó Dany y suplicó:
¡Abuelita no, no la botes…!
Y ni corta ni perezosa Sofi retiró la muñeca suavemente de mis
manos, y la abrazó devolviéndome una mirada acusadora.
Como una fierecilla Gaby recordó: Esa muñeca me la
compraste en Varadero en unas vacaciones. Todos hemos
jugado con Mari Panchi. Ella no tiene ojos, es flaca y se le
cayó el pelo pero la queremos mucho.
En tanto Sofía con sus cortos meses de nacida la zarandeaba
y la acercaba a su cara.
Comprendí que mi ejército de mujercitas se estaba alistado
para defender a la Muñeca Negra y entonces invité a mis niñas
a transformarla en una bella Mari Panchi.
Primero leímos el cuento de la Muñeca de José Martí y luego
las invité a que buscaran telas y ajuares para nuestra nueva
damita.
Gaby le cedió a Mari Panchi su pañuelo de cabeza, Dany trajo
la batica de canastilla con la que salió del hospital cuando ella
nació, corté un mechón de mi pelo y le colgué un cerquillo, con
un pedacito de tela roja hicimos su boca. Con dos anillas le
montamos argollas y con cáscara de huevos y un pincel
arreglamos sus ojos.
¡Que linda estaba Mari Panchi! Llamamos a otras amigas para
que la vieran tan bien compuesta y haciendo esta celebración
comenzó el tarareo de esta melodía que ahora todas le cantan:

"Maripanchi si...Maripanchi no...Maripanchi si: vamos a jugar
Maripanchi si, maripanchi no, maripanchi si: vamos a jugar"

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